Un vehículo de hidrógeno es un vehículo de combustible alternativo que utiliza hidrógeno diatómico como su fuente primaria de energía para propulsarse.

A pesar de que los vehículos de hidrógeno se suelen meter en el grupo de vehículos eléctricos, tienen grandes diferencias con ellos. Las principales afinidades, comparando ambos con vehículos de combustión interna, es que son más eficientes, no emiten gases contaminantes, no necesitan combustibles fósiles, tienen uno o más motores eléctricos y son más caros. Pero el vehículo de hidrógeno (FCEV) tiene ventajas e inconvenientes, con respecto al vehículo eléctrico puro.

Los FCEV son vehículos que por funcionar a baja temperatura, tienen una elevada eficiencia energética y no producen energía, en forma de calor, que se desperdicie inútilmente. Los vehículos de hidrógeno también tienen a su favor, de cara a un futuro cercano, que la densidad energética de sus baterías, en relación al peso, es superior a la que se consigue en las de los VE, por lo que los vehículos más pesados tienen un mejor rendimiento con el hidrógeno.

A diferencia de un automóvil eléctrico, el de pila de combustible no se recarga mediante un enchufe. En su lugar dispone de unos tanques de hidrógeno que se cargan en una hidrogenera, como si de gasolina se tratara, con manguera y en un tiempo similar al que tardan en llenarse los depósitos de combustibles tradicionales, unos minutos. Por otra parte, tienen mucha más autonomía que los eléctricos.

Si tuviéramos que hablar de precios, diríamos que el coste por kilómetro es más caro en el vehículo de hidrógeno que en el eléctrico puro, por el coste del propio hidrógeno y porque el eléctrico consume menos. Hacer 100 km, a día de hoy, con un vehículo de hidrógeno puede costar unos 8,5 euros.

 

Características y ventajas de los vehículos de hidrógeno

  • Sus componentes. El vehículo de hidrógeno lleva un motor eléctrico, la pila de combustible —donde se produce el proceso electroquímico y se genera la energía—, una batería y los tanques de hidrógeno.
  • Su funcionamiento. A grandes rasgos, el proceso es el siguiente: cuando el hidrógeno almacenado en los tanques pasa a la pila de combustible, se produce un proceso electroquímico, al entrar las moléculas de hidrógeno en contacto con el oxígeno del aire cuya entrada se fuerza. El flujo de electrones resultante proporciona la energía a la batería para alimentar el motor eléctrico. El resto del proceso químico es la producción de agua, templada, que es expulsada por el tubo de escape.
  • Seguridad. Lo cierto es que hemos oído hablar, en diferentes ocasiones, de los problemas del hidrógeno, con respecto a la seguridad, pero más bien es un problema de desconocimiento, puesto que sus riesgos no son mayores que los que requieren el uso de gas natural o de gasolina.