Con el objetivo de rebajar las emisiones, se está trabajando en maneras de reciclar las baterías de los coches eléctricos una vez dejen de estar operativos.

Fuente: www.autobild.es

Los coches eléctricos se han postulado como la opción más ecológica en lo que automóviles se refiere, pero lo cierto es que se les ha criticado (y se sigue haciendo aún) porque aunque durante su vida útil no generen emisiones, su producción, sobre todo de las baterías, si que deja una huella de CO2 importante. Es por eso que, para potenciar todavía más su vertiente “eco”, se está trabajando en maneras de reciclar sus baterías una vez dejen de estar operativos.

Se trata de un proceso complejo ya que, al contrario que el reciclado de metales, en el que con temperaturas altas se funden para volver a usarlos, aquí no se puede emplear ese sistema, puesto que destruyen partes valiosas de las baterías. En este punto hay dos alternativas principales, una de ellas más preponderante en Reino Unido y otra en la que se han volcado más los estadounidenses.

La aproximación británica se basa en el uso de ondas ultrasónicas, que permiten reciclar el ánodo y el cátodo de la batería sin dañarla. El primero suele estar formado por grafito adherido a una lámina de cobre y el segundo contiene cobalto, níquel y manganeso pegados a una lámina de aluminio. Actualmente la técnica que se usa es básicamente arrancarlos del soporte, pero con los ultrasonidos los costes serían un 60% más bajos y se recuperaría un 100% de material extra.

En Estados Unidos, por su parte, apuestan por el ReCell. Como allí no crean sus propios cátodos, tienen que enviarlos para que los reciclen y les sean devueltos. Lógicamente, es un proceso costoso, así que están intentando mezclar el polvo de cátodo reciclado con nuevos materiales, alargando la vida útil de estos y reduciendo el coste de envío de los materiales reciclados.